Manoteras.
A ti, que te encontré casi por casualidad;
A ti, que te recuerdo como el lugar más interesante de mi corazón que de la mano del amor que me salvó exploraba todos tus rincones.
A ti, que veía en los días de luz radiante mi esencia brotar de mi alma; a ti te elogio.
A ti, que no eras más que un nido oscuro y calcinado por las llamas del odio que muy profundamente comenzó a marchitarse, a olvidarse, a consumirse.
Veo el desgaste, veo salvajes e indecisos que aprovechan lo que pueden y lo que tienen.
Veo mañanas de frío en cálidos laberintos eternos.
Es pues, a ti a quien añoro cuando presencio que, atrapados, nunca más volverán a abrir esas puertas, como un abismal cementerio de almas perdidas, esperando que vuelva a salir el sol.
A ti, mis heridas, mis miedos, y mis escondites que observo en el espejo; y a ti, que a tu alrededor te observan, te juzgan, te marginan, te odian.
Y es a ti a quien paseo para darme cuenta de que el tiempo se congeló para nunca más despertar, para que las ilusiones de aquellos que vivían en tu interior se oxidasen.
Un océano cansado en el que gusanos y cotorras se mantienen vivos y latentes a costa de esfuerzo y generosidad.
Pero también a ti, una caja cerrada de marginados y repudiados juguetes que nadie quiere.
Es ahora cuando a ti te observo, de la forma más sincera y amorosa que encuentro en mi interior, y veo todo de lo que fui apartado.
También a ti a quién miro cuando sé que algo falta y no lo encuentro.
Es en ti en quién pienso cuando trato de buscarme.
No, no sé cómo buscarme porque no puedo encontrarte,
y dudo,
y lloro,
y huyo de esa niebla que ha brotado y no me deja verte, de esa niebla que comienza a desvanecerme.
Es a ti, mi amor perdido, mi alma incompleta, a quien canto.
Es a ti, Manoteras.